El importante legado de las mujeres en la ciencia, la tecnología y el espacio

Por Alexandra Strong

En TechBlog queremos destacar el trabajo de algunas mujeres que, gracias a su inteligencia y audacia, abrieron nuevos horizontes en el mundo de la programación informática  y en la conquista del espacio, la última frontera.

Ada Byron Lovelace

Ada Byron Lovelace

Ada Byron, hija del poeta Lord Byron, con frecuencia es reconocida como la primera programadora informática de la historia. Desde muy pequeña, Ada mostró interés por las matemáticas y la ciencia. En 1833 conoció a Charles Babbage, un científico que buscaba desarrollar una máquina (The Analytical Engine) que pudiera ejecutar comandos y archivar información en una memoria. Entusiasmada ante el panorama que esta máquina abría, Ada Byron Lovelace escribió el primer programa de computación: un algoritmo que permitiera al Analytical Engine calcular la secuencia de números de Bernoulli.  Sin embargo, Babbage nunca logró terminar su gran proyecto, y Lovelace, por lo tanto, no pudo comprobar el funcionamiento de su código informático.


ENIAC

Al principio, la gloria de la computación yacía en el desarrollo del hardware, no del software. Los científicos, por lo tanto, veían las tareas de programación como cuestiones secundarias. En los años cuarenta se comenzó a desarrollar ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Computer), la primera computadora digital programable de Estados Unidos. Los ingenieros al frente del proyecto decidieron encargar las tareas de programación a un equipo de mujeres: Jean Jennings, Betty Snyder, Kathleen McNulty, Marlyn Wescoff, Frances Bilas y Ruth Lichterman. Debido a sus fuertes habilidades matemáticas y lógicas, estas mujeres fueron capaces de diagnosticar problemas en el software de la computadora y corregirlos de forma oportuna. Eventualmente, las mujeres desarrollaron un programa informático que permitía que ENIAC calculara la trayectoria de misiles balísticos. Por desgracia, en esa época, no recibieron crédito por su trabajo.


Bletchley Park

Durante la Segunda Guerra Mundial, científicos británicos trabajaron arduamente en Bletchley Park para descifrar los códigos de los alemanes. Aunque lo usual es destacar la labor del Proyecto Enigma y de Alan Turing, lo cierto es que más de ocho mil mujeres colaboraron con las fuerzas británicas en esta instalación. Algunas de ellas, como Joan Clark, Jean Valentine y Jane Fawcett, jugaron un papel clave en las tareas de Bletchley Park gracias a sus habilidades para descifrar códigos y operar máquinas altamente sofisticadas.


Mary Allen Wilkes

Durante su infancia y juventud, Wilkes soñaba con ser abogada, pero, tras escuchar las opiniones de sus profesores, se decantó por seguir una carrera en programación. Tras terminar la licenciatura en filosofía, Wilkes se presentó en el MIT y pidió un trabajo. A finales de la década de los cincuenta, cuando la computación aún estaba en una fase inicial, pocos sabían programar. El MIT contrató a Wilkes gracias a su formación en filosofía: podía pensar de manera lógica. Trabajó en la IBM 704 y usó sus habilidades mentales para dar instrucciones a la computadora. En la década de los sesenta, Wilkes comenzó a colaborar en el desarrollo del software de LINC, una de las primeras computadoras personales.


Dorothy Vaughan, Katherine Johnson y Mary Jackson

En la década de los cuarenta, la NACA, predecesora de la NASA, comenzó a contratar a mujeres afroamericanas en el departamento de computación. Vaughan, Johnson y Jackson, instrumentales para la NASA, formaron parte del equipo del Centro de Investigación Langley. Estas tres mujeres, realizaron complejas operaciones matemáticas para calcular la trayectoria de los lanzamientos espaciales. Sus cálculos fueron cruciales para que las misiones de Alan Shepard, John Glenn y del Apolo 11 llegaran a buen término. Su historia puede verse en la película Hidden Figures.


Margaret Hamilton

Junto a Vaughan, Johnson y Jackson, Margaret Hamilton contribuyó de forma crucial en la conquista del espacio. Tras obtener un título en matemáticas, Hamilton pudo colaborar en el MIT para desarrollar un software que pudiera ayudar a predecir el clima. Tras colaborar con el MIT en varios proyectos, Hamilton lideró un equipo que desarrolló un software para el Apolo y Skylab. Sus habilidades matemáticas y de diagnóstico de problemas fueron clave en el éxito del alunizaje del Apolo 11. Ella acuñó el término “software engineering”.